Una buena construcción digna de ser recordada y que es capaz
de permanecer intacta a través del tiempo tiene como base la materialidad y la construcción.
Es por esto que en la actualidad uno de los materiales más
usados en la mayoría de las obras arquitectónicas es, sin duda, el hormigón armado;
está formada: de hormigón (cemento portland, arena y pedregullo o canto rodado)
y de una armadura metálica, que consta de hierros redondos, la que se coloca
donde la estructura - debido a la carga que soporta - está expuesta a esfuerzos
de tracción. En cambio, se deja el hormigón solo, sin armadura metálica, donde
este sufre esfuerzos de compresión.
Tal disposición de los dos materiales (hormigón y hierro)
está basado en el hecho de que el hormigón resiste de por sí muy bien a la
compresión (hasta 50 Kg. por cm², siendo que el hierro presenta una gran
resistencia a la tracción, de I000 a 1200 Kg. por cm: y más).
Por otro lado, el hierro es uno de los materiales más
utilizados en el mundo de la construcción, aunque, para obtenerlo, antes hay
que refinarlo, fundirlo y darle forma, con el fin de trasladarlo a un almacén
de hierro en Marbella. Otra posibilidad es alearlo con carbono, lo que nos da
el acero. El proceso de aleación y venta de acero es similar al del hierro, un
material muy polivalente.
Vigas, columnas, estribos, tubos, placas, chapas o láminas
son algunos de los usos más habituales que podemos dar al hierro en la
construcción. El hecho de encontrarnos ante un material tan maleable como el
hierro nos permite disfrutar de diferentes objetos o herramientas, a los que se
pueden dar diferentes formas y grados de dureza.
Otros de los usos más frecuentes del hierro, como material
de construcción, son las aleaciones. En especial, los aceros estructurales.
Estos aceros son unos elementos esenciales a la hora de levantar un edificio.
Necesitarás una cantidad muy grande para construirlo y, a partir del hierro
puro, se pueden desarrollar aleaciones como el acero. También se le pueden
añadir cromo, níquel u otros minerales.
En conclusión, el éxito de una obra arquitectónica, o el
hecho de que una simple construcción perdure en el tiempo depende de muchos factores,
pero sin duda, el más importante de ellos; depende de la materialidad. Son los
componentes de su estructura, sus cimientos los que la hacen trascendental en
la historia.
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