jueves, 7 de diciembre de 2017

Reflexión sobre la materialidad


Una buena construcción digna de ser recordada y que es capaz de permanecer intacta a través del tiempo tiene como base la materialidad y la construcción.
Es por esto que en la actualidad uno de los materiales más usados en la mayoría de las obras arquitectónicas es, sin duda, el hormigón armado; está formada: de hormigón (cemento portland, arena y pedregullo o canto rodado) y de una armadura metálica, que consta de hierros redondos, la que se coloca donde la estructura - debido a la carga que soporta - está expuesta a esfuerzos de tracción. En cambio, se deja el hormigón solo, sin armadura metálica, donde este sufre esfuerzos de compresión.
Tal disposición de los dos materiales (hormigón y hierro) está basado en el hecho de que el hormigón resiste de por sí muy bien a la compresión (hasta 50 Kg. por cm², siendo que el hierro presenta una gran resistencia a la tracción, de I000 a 1200 Kg. por cm: y más). 
Por otro lado, el hierro es uno de los materiales más utilizados en el mundo de la construcción, aunque, para obtenerlo, antes hay que refinarlo, fundirlo y darle forma, con el fin de trasladarlo a un almacén de hierro en Marbella. Otra posibilidad es alearlo con carbono, lo que nos da el acero. El proceso de aleación y venta de acero es similar al del hierro, un material muy polivalente.
Vigas, columnas, estribos, tubos, placas, chapas o láminas son algunos de los usos más habituales que podemos dar al hierro en la construcción. El hecho de encontrarnos ante un material tan maleable como el hierro nos permite disfrutar de diferentes objetos o herramientas, a los que se pueden dar diferentes formas y grados de dureza.

Otros de los usos más frecuentes del hierro, como material de construcción, son las aleaciones. En especial, los aceros estructurales. Estos aceros son unos elementos esenciales a la hora de levantar un edificio. Necesitarás una cantidad muy grande para construirlo y, a partir del hierro puro, se pueden desarrollar aleaciones como el acero. También se le pueden añadir cromo, níquel u otros minerales.
En conclusión, el éxito de una obra arquitectónica, o el hecho de que una simple construcción perdure en el tiempo depende de muchos factores, pero sin duda, el más importante de ellos; depende de la materialidad. Son los componentes de su estructura, sus cimientos los que la hacen trascendental en la historia.






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