Introducción:
El viento es el movimiento del aire que está presente en la
atmósfera, especialmente, en la troposfera, producido por causas naturales.
En la Tierra, las variaciones en la distribución de presión
y temperatura se deben, en gran medida, a la distribución desigual del
calentamiento solar, junto a las diferentes propiedades térmicas de las
superficies terrestres y oceánicas. Cuando las temperaturas de regiones
adyacentes difieren, el aire frío por ser más denso tiende a descender en
dirección a la masa de aire cálido, y ésta a su vez, por ser menos densa
ascenderá; por lo tanto, se genera la circulación de las masas de aire,
fenómeno llamado “viento”. Los vientos
generados son perturbados en gran medida por la rotación de la Tierra.
Reflexión:
“El arquitecto del futuro se basará en la imitación de la
naturaleza, porque es la forma más racional, duradera y económica de todos los
métodos”. Antoni Gaudí.
Es necesario aprender a ver la arquitectura no solo como los
muros, las fachadas o la cubierta, sino también como el espacio vital que fluye
a través de ellos y a su alrededor, para habitarla no basta que sea sólida y
económica, debe ser saludable y agradable, responder al clima y sintetizar la
experiencia constructiva de las generaciones que nos precedieron.
El viento es uno de los factores más importantes para tener
en cuenta al momento de diseñar, de él depende en gran parte la ventilación,
temperatura, sensación térmica, entre otras cosas, por lo tanto, tiene gran
incidencia en el confort ambiental de las personas.
Se debe entender cómo se aplica el viento en los diseños; ya
sea a favor, en contra o potenciándolo, pero antes de esto se debe estudiar las
inclemencias del clima de los lugares en donde se emplaza para finalmente
llegar a una solución arquitectónica respecto al uso del viento en la
arquitectura.
Antiguamente, el viento era un componente de diseño presente
en todo proyecto arquitectónico sin discusión. Este permitía refrescar el
edificio de manera natural sin tener que acudir a costosos sistemas de
ventilación mecánicos, práctica, hoy día común en la arquitectura del derroche
en donde los costos de acondicionar debidamente una edificación sin elementos
mecánicos o al menos eficientemente energéticos, parece inconcebible o no
importa.
El conocimiento de las variables propias, del viento;
velocidad, dirección, frecuencia y turbulencia, nos permiten diseñar, de manera
tal que podamos conseguir condiciones de confort óptimas en el interior del
edificio, sin necesidad o minimizando los requerimientos energéticos de
máquinas de aire acondicionado o calefacción.
Una vez, conocidos los conceptos anteriores, podemos contar
con el conocimiento suficiente para determinar la forma del edificio, el tamaño
de sus ventanas, la orientación correcta, y el funcionamiento apropiado de la
ventilación al interior de la edificación, entre otros factores.
Las energías renovables no convencionales tienen la ventaja
de pertenecer a bienes inagotables con la posibilidad de generar energías que
no contaminan y que reducen los gastos del consumo.
Cada vez más centrados en los aspectos visuales de la forma,
los arquitectos muchas veces no conceden demasiada importancia al ambiente, y
menos al aire, que no se ve. Sin embargo, el ambiente determina nuestro
bienestar, y desde luego altera significativamente la percepción del espacio:
la vida cotidiana se desenvuelve difícilmente en un ambiente alejado de las
condiciones adecuadas, donde las tareas se ejecutan con incomodidad; incluso el
disfrute estético –una especie de estado de contemplación elevado– es
inseparable de esas condiciones.
"Que atractivo sería, si existiera, una arquitectura como el viento, como una asceta del viento que flota en el aire".
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