Una filosofía general con la iluminación natural dice así, no se debe considerar como
una opción arquitectónica sino que la
iluminación natural y la arquitectura deben ser uno mismo. Bajo
ésta conjetura, la arquitectura es un objeto para la existencia de la sombra mientras que la luz es
fuente primordial para producir una sombra. Es así que la arquitectura se toma como variable para
configurar el valor de la luz natural.
Las trayectorias solares nos
determinan el angulo de la sombra a
diferentes horas del día en una obra arquitectónica. Como diseñadores de iluminación contamos
con la ventaja de predecir como se dan las sombras a largo del día. Para
aplicar un método comprensivo de la iluminación,
la ubicación de una
obra arquitectónica debe considerarse desde su comienzo.
La arquitectura cobra un valor trascendente
cuando el diseño utiliza la luz como tema central. La iluminación adecuada, por
ejemplo, refuerza los volúmenes, imprime fuerza a las texturas y a los
diferentes valores cromáticos.
Ya que la luz no ilumina solamente la arquitectura,
sino que además refuerza el concepto creativo y el aspecto EMOCIONAL del
espacio, muchas veces no sabemos explicar por qué tal o cual ambiente nos hace
sentir cómodos, casi alegres.
La percepción del espacio está conectada a la
forma en que la luz se integra con este. Lo que vemos, lo que experimentamos y
cómo interpretamos los elementos es afectado por la forma en que la luz
interactúa con nosotros y con el ambiente. En cuanto a la arquitectura,
en cualquier dimensión que esta se analizada, ya sea como en espacio, en
material o en color, esta depende esencialmente de la iluminación de
la situación, la cual involucra al objeto y al observador.
En conclusión, la luz dinámica del día y la iluminación artificial
controlada son capaces de afectar no solo a las distintas condiciones físicas
medibles en un espacio, sino también para instigar y provocar diferentes
experiencias visuales y estados de ánimo.
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